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La reclamación que no haces, la financias tú

Los contratistas de minería y energía absorben semanas de recurso ocioso durante la acreditación sin reclamarlas nunca. Por qué no se presentan esas reclamaciones, qué argumento las hunde y qué necesitan para sostenerse.

Los tres relojes de una acreditación

Un solo plazo visible, tres responsables distintos. Separarlos es lo que permite discutir el atraso con datos en vez de con relatos.

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El costo que nadie contabiliza

La cuadrilla está contratada. Los pasajes están comprados. El alojamiento está reservado desde el día 1 del mes. La camioneta está arrendada y facturando. Y la obra no parte, porque faltan acreditaciones.

Nadie está de brazos cruzados: hay alguien escribiendo correos, pidiendo el mismo certificado por tercera vez, armando carpetas, cargando documentos de noche en la plataforma del mandante. Hay trabajo. Lo que no hay es avance.

Tres semanas después la obra parte. El costo de esas tres semanas ya se pagó: sueldos, arriendos, alojamiento, gastos generales de obra. Y en la enorme mayoría de los casos ese costo se absorbe. No se reclama. Se anota mentalmente como "así es esto" y se sigue.

Quiero desarmar esa resignación, porque tiene componentes distintos y solo uno de ellos es realmente inevitable.

Por qué el número no existe

Cuando un contratista calcula lo que le costó la acreditación, cuenta lo evidente: los exámenes preocupacionales, los cursos, el sueldo del acreditador. Eso aparece en una línea del presupuesto y suele ser una cifra menor frente al monto del contrato.

Lo que no aparece en ninguna línea es el recurso asignado y detenido. El equipo que ya está en nómina, el arriendo que ya corre, la instalación de faena que ya se pagó. Ese costo no tiene una cuenta contable propia: se diluye en gastos generales y desaparece.

Y lo que no se mide, no se reclama. No porque el contratista sea descuidado, sino porque literalmente no tiene el número.

Prueba esto con tu propia obra: toma el costo mensual de la dotación y los recursos que quedaron esperando acreditación, divídelo en días y multiplícalo por los días de espera. La primera vez que se hace ese cálculo suele haber un silencio incómodo en la reunión.

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Tres razones por las que la reclamación no se presenta

Supongamos que ya tienes el número. Sigue sin ser suficiente, y por razones bastante específicas.

No está tipificado como un evento

El contratista vive la acreditación como un trámite administrativo propio, no como una interferencia atribuible a un tercero. Y mientras se la considere "gestión interna", nadie va a levantar la mano. El cambio de mirada es previo a todo lo demás: si la plataforma es del mandante, los requisitos son del mandante, y quien revisa y aprueba es el mandante, entonces el tiempo de revisión es un plazo que el mandante controla y tú no.

La notificación oportuna se pierde

Casi todo contrato de construcción serio establece un plazo para notificar un evento que afecta plazo o costo, contado desde que el contratista tomó o debió tomar conocimiento. Suele ser corto. El problema es de secuencia: el contratista toma conciencia del daño cuando cierra el mes y ve el estado de pago, y para entonces el plazo de notificación de un evento ocurrido tres semanas antes ya venció. La reclamación muere por forma antes de discutirse por fondo.

El registro es reconstruido, no contemporáneo

Esta es la razón de fondo y la más difícil de resolver. Cuando finalmente se decide reclamar, la evidencia se arma hacia atrás: se rescatan correos, se pide a alguien que "se acuerde" de cuándo se cargó tal documento, se arma una planilla con fechas aproximadas. Un registro construido después del hecho, por la parte interesada, seleccionando qué correos incluir, es atacable en su totalidad. Y el revisor del mandante lo sabe.

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El argumento que hunde la mayoría de estas reclamaciones

Si presentas la reclamación con lo anterior, la respuesta del mandante es casi siempre la misma, y es buena:

"Usted también se demoró."

Y tiene razón. En cualquier proceso de acreditación hay demora de todos lados. El trabajador que no fue a hacerse los exámenes. El proveedor que mandó la póliza vencida. Tu propio acreditador que tardó dos días en cargar un expediente que ya estaba completo. Si todo eso es un solo bloque de tiempo indiferenciado, el mandante siempre puede señalar un tramo que es tuyo y neutralizar el reclamo completo.

Esa es la trampa: una demora concurrente no analizada mata la reclamación entera, aunque la mayor parte del atraso no fuera tuya.

La única salida es descomponer el tiempo en los tres relojes del diagrama de arriba. Con los tres separados y medidos, la conversación cambia de naturaleza. Ya no estás diciendo "nos demoramos todos". Estás diciendo: el reloj 02, el mío, promedió X. El reloj 03, el suyo, promedió Y. Y de los rechazos, tantos correspondieron a criterios que no estaban en las bases al inicio.

Eso es discutible. Pero es discutible sobre datos, que es exactamente donde un contratista con la razón quiere estar.

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Qué necesita la reclamación para sostenerse

Con el tiempo descompuesto, lo que falta es armar el expediente. En orden:

  1. La base contractual. Qué dice tu contrato sobre plazos de revisión y aprobación del mandante, y sobre requisitos de acreditación definidos al inicio. Si un requisito apareció después de la firma, eso tiene un nombre distinto y a veces mejor tratamiento.
  2. El hecho, con fecha y hora. Cada solicitud, cada recepción, cada carga, cada respuesta, cada rechazo. No "durante la primera quincena de marzo": el día y la hora.
  3. La atribución de causa de cada rechazo. Clasificado uno por uno: error propio, documento del trabajador, criterio del mandante, cambio de requisito. Esto es lo que responde al "usted también se demoró".
  4. El nexo con el recurso. Qué recurso específico estaba asignado a ese frente y detenido en esos días. Nómina, contrato de arriendo, orden de compra de pasajes. La reclamación no es por el concepto: es por el recurso identificable.
  5. La cuantificación. Costo directo del recurso en espera más gastos generales prorrateados, con respaldo documental. Un número conservador y respaldado se cobra; un número ambicioso y estimado se rechaza completo.
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El punto ciego: el registro no se construye hacia atrás

Todo lo anterior es conocido. Cualquier profesional de contratos con experiencia lo firmaría.

Y sin embargo casi nadie lo hace. La razón no es ignorancia: es que llevar un registro contemporáneo de acreditación es un trabajo que nadie tiene asignado, que no produce avance visible, y que solo demuestra su valor meses después, cuando ya casi siempre es tarde.

Pedirle al acreditador que además lleve una bitácora de evidencia para una reclamación futura es pedirle que trabaje el doble mientras está saturado. No va a pasar. Nunca pasa.

La única forma en que ese registro existe es que se produzca solo, como subproducto de hacer el trabajo. Que la fecha y hora quede porque el documento pasó por ahí, no porque alguien la anotó.

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Qué hacer el lunes, compres lo que compres

Aunque no uses ninguna herramienta, hay cinco cosas que puedes empezar esta semana:

  1. Calcula el costo diario de la dotación y los recursos que hoy están esperando acreditación. Solo el número.
  2. Revisa qué dice tu contrato sobre plazo de revisión del mandante y sobre plazo de notificación de eventos. Anótalos donde los veas todos los días.
  3. Registra la hora, no solo el día, de cada carga y cada respuesta del mandante. Una columna más en la planilla que ya tienes.
  4. Clasifica cada rechazo por causa en el momento en que ocurre, con una lista cerrada de cuatro opciones. En caliente toma diez segundos; tres meses después es imposible.
  5. Notifica temprano y en frío. Una carta oportuna que solo reserva derechos no rompe ninguna relación comercial. Reclamar seis meses después, sí.

Ninguna de estas cinco requiere presupuesto. Las cinco juntas cambian por completo tu posición si algún día tienes que sentarte a discutir.

El costo de acreditar no está en acreditar. Está en todo lo que tienes contratado y detenido mientras acreditas. Ese costo lo estás pagando igual. La única decisión que te queda es si lo documentas o lo regalas.

Acredifast

La evidencia, como subproducto del trabajo

Reunimos y revisamos con IA los documentos de tus trabajadores y maquinaria, y te entregamos el expediente ordenado y listo para cargar. Cada solicitud, cada recepción y cada respuesta queda con su fecha y su hora, sin que nadie tenga que anotarla.

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Zeryán Guerra — Ingeniero de Ejecución en Minas. Análisis de costos, reclamaciones y planificación de obras para minería y energías renovables. Fundador de Acredifast.

Este artículo es análisis de gestión de contratos, no asesoría legal. Lo que aplique en tu caso depende de tu contrato y de cómo lo revises con tu abogado.

Las plataformas de acreditación mencionadas de forma genérica son marcas de sus respectivos titulares. Acredifast no está afiliada a ninguna de ellas.